lunes, 15 de diciembre de 2008

El autógrafo





Haciendo una purga de libros en mi biblioteca llegué al estante donde tengo los dedicados y me sorprendí al encontrarme dos de Octavio Paz, su Obra poética y La llama doble. Otro de Vargas Llosa, de Carlos Fuentes, de Eugenio Montejo y muchos más que tanto me han acompañado. Recuerdo la vez en que Arturo Pérez Reverte firmó a más de trescientas personas La tabla de Flandes, como también acostumbra a hacerlo Carlos Fuentes, de pie. El organizador del evento le insistía para que ocupara una mesa y cómodamente siguiera firmando, pero Pérez Reverte no aceptó, si las personas están de pie haciendo fila no veo por qué yo tenga que estar sentado, dijo.

La firma de García Márquez en Cien años de soledad la obtuve en Bellas Artes la noche que le hacían un homenaje a Álvaro Mutis. La sala estaba llena, seguramente éramos más de quinientas personas. Después de los aplausos y las felicitaciones, al final se sirvió un cóctel en el salón interior del Palacio, sólo para invitados especiales, sin embargo García Márquez prefirió quedarse a firmar hasta el último libro. Pero supongo que el récord de firmas se lo ha llevado Ken Follett quien en mayo pasado, en la feria del libro de Madrid, firmó más de dos mil libros, yo, que desde temprano llegué muy entusiasta con mi ejemplar de Los pilares de la tierra al ver tamaña cola desistí sin el menor remordimiento.

Esta costumbre de buscar el autógrafo, la firma de puño y letra del escritor o artista me viene desde la infancia. Cuando cada seis meses viajaba con mis padres a la ciudad de México a mi revisión de la columna aprovechábamos para ir al teatro o a algún musical que mi madre adoraba y que yo siempre he aborrecido. Al caer el telón, tenía su libreta lista, entonces me mandaba por delante para meternos hasta la cocina y buscar la firma o la foto. Me hice un caza autógrafos y conocí a Angélica María, Emmanuel, Enrique Lizalde, actores de relumbrón o cantantes que en su tiempo hicieron fama en Siempre en Domingo. Así hicimos amistad con Ricardo Ceratto, un cantante argentino que en los setenta era la sensación. En octubre de 1978 fue a Tequila a dar un concierto gratuito en la plaza. Al finalizar, entre desmayos de los fans y la policía municipal que servía para un carajo bajó del templete y se metió en el auto que lo regresaría a Guadalajara. De alguna manera me colé entre la gente y me fui con él. Nadie notó mi presencia hasta que llegamos al hotel Camino Real y me dijo algo así como, ¿pero ché, qué hacés vos acá? Apenas tenía 11 años y lo único que atiné a decir fue: ¿me das tu autógrafo?

Ya cuando rondaba los 15 me enamoré perdidamente de Christian Bach. Coleccionaba sus entrevistas, tenía su imagen pegada en la cabecera de mi cama, tanto era mi amor que tres días antes de entrar al hospital para mi operación de la columna, me llevaron al teatro a verla en una obra donde salía en ropa interior. Al terminar la función me tomé una fotografía con ella, me firmó la libreta que ya había heredado de mi madre y me deseó suerte. Yo suponía que aquella foto me acompañaría cerca de mi cama de hospital y creo que me dormí, camino al quirófano, anestesiado por el recuerdo de su cintura. Al despertar, mi sorpresa fue que el foco de la cámara estaba más dislocado que mis vértebras y nos había sacado sin cabeza. Nadie creía que en esa foto estaba yo con la actriz más hermosa que México tenía en ese entonces.

Antes, uno tenía que burlar vigilancias, hacerse pasar por alguien importante para tener el autógrafo deseado, pero ahora la Feria del Libro de Guadalajara ha democratizado a los escritores. Por sus pasillos se hacen largas filas para tener la firma de Sabines, Saramago o Gael García Bernal, aunque todavía quedan algunos inalcanzables. Hace tres o cuatro años cuando Hugo Sánchez era el director técnico de la Selección Nacional pasó por el aeropuerto de Guadalajara y una pequeña horda de admiradores lo seguía pidiéndole autógrafos, de coincidencia regresaba al DF en el mismo avión que Paco Ignacio Taibo II y yo. Taibo, un día antes había estado en un evento con mil jóvenes, había movido multitudes en la feria y firmado cientos de libros con paciencia asombrosa. En la sala de espera conversábamos sobre su biografía de Pancho Villa cuando vio que Hugo, huyendo de la turba se acercaba hacia nosotros, me dejó con la palabra en la boca, buscó un cuaderno, o quizá cogió uno de sus propios libros y corrió a pedirle su autógrafo, cuando el Pentapichichi por fin se decidió a firmar camisetas al verse acorralado.

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Rodolfo Naró, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es El orden infinito, finalista del Premio Planeta de Novela 2006. wwww.rodolfonaro.com
Fotografía: Autógrafo de Carlos Fuentes en Los años con Laura Díaz /
© Rodolfo Naró, 2008. Todos los derechos reservados.

14 comentarios:

Maka dijo...

Lo mío es extraño, cada vez que he visto alguien famoso, no me acerco. Me quedó perdida mirando entre las multitades a aquel personaje, quien quiera que sea. Observo unos minutos y luego me voy de la escena.

Supongo que lo mío son otras cosas. Pero hasta me da un poco de envidia (de la buena, si es que existe, jajaja) de que conozcas ya tanta gente y todo por los autógrafos.

Rodolfo Naró dijo...

Querida Maka,
aunque se conoce más a los autores por sus libros y aunque ya no conservo esa libreta de autógrafos, la he cambiado por las fimas y dedicatorias en los libros. Lo que no se hurta se hereda.

Saludos,
Naró

PICOBUFI dijo...

¿Me das un autógrafo tuyo?

Gracias...


Abrazancos

LMM dijo...

Autógrafos, una foto de la idea que simboliza el estar juntos y satisfacer la necesidad de comunicacion entre un ser superior y un ser menos superior.

Antes me parecian superfluos, ahora, que he revalorado algunos que tengo por casualidad y que espero tener mas, considero que llenan y tienen una muestra de la comunicacion especial entre admirado y admirador

Constanza Mekis dijo...

Leyendo tu entretenida crónica sobre autógrafos, es que la letra escrita a mano es amable... sensible, tierna....

Hay una anécdota muy buena escrita por el escritor Paul Theroux sobre V.S. Naipaul. El libro "La sombra de Naipul"
es un relato muy sobregogedor y da cuenta como UN autografo fue el detonante para el fin de la amistad entre el autor y el premio Nobel de Literatura Vidia S. Naipul. Ambos escritores era importantes. Compartieron momentos en Africa y se convirtieron en eximios amigos, (cuates dirian los mexicanos, yuntas en chileno) amistad que se mantendría a lo largo de treinta años hasta que, en 1996, finalizó abruptamente por un autógrafo.

Rosalva dijo...

EL ENCUENTRO CON ALGUIEN FAMOSO ES COMO UNA ESTRELLA FUGAZ, PERO EL RECUERDO ES ETERNO. INCLUSO, SI EL AUTOGRAFO, POR DIFERENTES CAUSAS, SE LLEGA A PERDER. PERO AUN CONSERVO OTROS AUTOGRAFOS, COMO EL TUYO. Y APARTE DE TU FIRMA, ME GUSTO LO QUE IDEASTE PARA MI EN TAN SOLO UNOS MINUTOS. NO PODIA SER MENOS VINIENDO DE ALGUIEN CON ESE NIVEL CREATIVO.

Rodolfo Naró dijo...

Querido Picobufi:
Ya nos encontraremos y tendrás todas mis firmas y abrazos. Feliz 2009
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Luis:
Más que un ser "superior" el autógrafo es un intercambio entre amigos, tener un recuerdo de alguien que te ha acompañado en lecturas o canciones.
Un abrazo para todos,
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Hola Constanza:
tanto tiempo, sí es muy buena esa anecdota que cuentas, ya la conocía pero la había olvidado.
Saludos hasta Santiago de Chile,
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Hola Rosalva:
recuerdo bien cuando te firmé Del rojo al púrpura, fue en la Feria del Libro de Monterrey en el año 2000 y creo que desde esa vez no hemos vuelto a vernos, ya llegará la fecha, mientras,
abrazos,
Naró

COCA ANTUNEZ SALERNO dijo...

REPITO; DULCE RODOLFO NARÓ, AMIGO MEJICANO E INCANSABLE VIAJERO, EXCELENTE ESCRITOR Y POETA; DESDE ARGENTINA TE RECUERDO CON CARIÑO; MÁS DE UNA VEZ ME HAS DIVERTIDO CON TU COLUMNA CHUECA. RECIBE MI AFECTO DE SIEMPRE. COCA ANTUNEZ SALERNO.

Rodolfo Naró dijo...

Hola Coca.
yo con muchas ganas de volver a Baires, gracias por tus palabras, besos a todos por tus pagos,
Naró

Lucero Díaz T. dijo...

Los autógrafos no son tan apegados a mí, es más huyo de ellos y después me arrepiento.
Recuerdo su autógrafo perfectamente, estaba casi a mi lado que no pude resistirme a tan genial detalle, quería comprar todos sus textos, me volví loca.
Agradezco tan buen detalle, cada vez que tomo "antiguo olvido" suspiro y leo entre palabras cortadas su sello jejeje!!
Saludos

Rodolfo Naró dijo...

Hola Lucero,
recuerdo bien cuando te firmé El antiguo olvido en aquel encuentro de poesía Jaime Sabines, espero volver pronto por Tuxtla ahora como novelista.
Besos,
Naró

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