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miércoles, 26 de octubre de 2011

Diario medular | Silencio | Día 22


Laura Martínez-Belli comentó en su muro de Facebook que amamantar a sus hijos por tres años y tres meses le dejó el busto disminuido, y dudó si sería bueno utilizar la silicona para recomponerlo, pero al final se preguntó: “¿Tan vinculada está nuestra feminidad a esta parte de la anatomía?”.

La mujer siempre ha sido un objeto, una posesión. Su cuerpo es moneda de cambio, un bien para negociar. La mujer no sólo ha sido la madre, la esposa, la amante, es también la joya de la corona que hay que proteger porque ella no puede, no sabe cómo. Le han enseñado que su cuerpo no es suyo, sino de quien la posee. Que su cuerpo es sucio, que su menstruación es sucia, un desperdicio. Que no se deben mostrar ni el embarazo ni la lactancia. Que no debe tocarse, ni sentirse, ni explorarse. Que el pecado habita en el pensamiento y en la palabra. Nos han enseñado que la mujer buena debe guardar silencio, que el placer es para otras.

Cállate niña va en contra de ese orden establecido y cuestiona ese silencio que traen las mujeres en el cuerpo. Desde mi poesía, en mis libros: Árbol de la vida y El antiguo olvido, exploro el universo femenino. En El orden infinito, Analco es un pueblo llevado por una mujer, donde los hombres sufren y lloran, pero ellas aguantan y tratan de cambiar su destino, aunque eso implique una venganza. Por tantos silencios que llevan las mujeres en la piel, por tanta negación que sienten al mirarse en el espejo la cicatriz de cesárea, las estrías del embarazo o el busto pequeño, se llenan de vergüenza y no alcanzan a vivir lo que les palpita en el alma.

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