miércoles 29 de febrero de 2012

Diario medular | La fecha

Organizar la presentación de un libro no es tarea fácil. Necesitas amigos, contactos, apoyos de personas e instituciones, buena logística, algo de plata y si es posible un buen vino. Cállate niña ha seguido bailando en los mejores escenarios. Después de firmar ejemplares en cinco librerías Gandhi de la Ciudad de México los primeros tres fines de semana de febrero, hasta completar 86 libros. Conocer a nuevas lectoras, intercambiar ideas y mensajes por Facebook, llego por fin a la fecha esperada: presentar ante la sociedad capitalina mi nuevo libro. Es una especie de bautismo, donde también habrá una madrina.

Desde el año pasado estaba planeando la fecha y el lugar para presentar Cállate niña. Inicialmente había pensado en el 30 de enero, siendo el día en el que ella y Antonio se conocen, pero si el inicio de año es complicado para todos, para un libro es aún peor. Después creí que el 15 de abril era ideal, por ser el día en el que ellos se dejan. Lo hablé con mi editora y me dijo que era una fecha muy alejada de la salida a librerías de la novela, noviembre del año pasado y las leyes del mercado dicen que comienza a dejar de ser novedad, lo que complica su permanencia en piso de venta de las librerías en las que está distribuido, me explicó. Hasta que tomando un té con Nadir en la sobremesa de un domingo me sugirió el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y Cállate niña es la historia de una mujer y la mayoría de sus lectores son mujeres y la presentarán solo mujeres. Terminé el té negro con bergamota y le dije que por enésima vez tenía razón.

martes 28 de febrero de 2012

Háblame niña | Claudia Sanchez Naranjo

Querido Rodolfo:

Leí Cállate niña. Leí sin parar, quise leerlo con calma pero no pude, necesitaba saber qué más tenías que mostrarnos. Lo disfrute. Al leerte me vi reflejada más de una vez.

Me encanta esa manera de desmenuzar los deseos, impulsos y neurosis de nosotras, las mujeres, de esas pasiones, anhelos que nos mueven y al mismo tiempo nos atan.

Recibe un abrazo fuerte.

Nombre: Claudia Sanchez Naranjo Edad: 30 años. Ciudad: México, DF. Compré Cállate niña en: Sanborns Patriotismo. Mi comentario: Me alegra que te gustó el trabajo final, ¿recuerdas que te leí algunos capítulos hace algunos años?

lunes 27 de febrero de 2012

Háblame niña | Lupita Nava

Querido Rodolfo:

Tengo que decirte que me gustó mucho Cállate niña, desde la presentación del libro; la portada está excelente, con solo verlo (el fondo negro mate con las letras resaltadas en poco brillo y la fotografía de la bella bailarina) inspiran el deseo de tenerlo. El detalle de los separadores, todo.

La narrativa es impecable, una historia contemporánea donde la protagonista busca el amor de su padre en sus amantes, en un mundo de desamor materno, sexo, drogas y alcohol. Cuando lo encuentra, se da una extraña relación amor-odio-venganza. Las historias de telón de fondo muy bien documentadas, de veras crudas. Todo esto rodeado de un fino erotismo. Rematando, un excelente final, inesperado y revelador.

Muchas gracias.

Nombre: Lupita Nava Edad: 49 años. Ciudad: Navojoa Compré Cállate niña en: DHLibros de Rodolfo Naró. Mi comentario: Gracias Lupita, por fin pudiste tenerla. Seguimos en contacto.

miércoles 22 de febrero de 2012

El orden infinito | Capitulo 2

Sentada en su poltrona, la Nina Ramos se reflejó en su retrato que descansaba en la mesita de noche. Hacía más de veinte años que le habían hecho el daguerrotipo que envejecía junto con ella. Estaba gastado y su gesto ya no parecía eterno; sin embargo, sus ojos aún conservaban esa luz propia que había iluminado la conciencia de tantos hombres. El coraje tembló en sus párpados al sentir el dolor de una madre que criaba entenados. Recordó el pasado miércoles de ceniza y se vio de nuevo en el altar de la parroquia, hablando una y otra vez, mientras Pomposa repetía sus palabras con gritos ensordecedores. Ese día, las manecillas del reloj del templo se juntaron en una sola. Prócoro, el campanero, se colgaba de la cuerda, mientras el padre Ramberto repetía a una fila interminable de fieles la sentencia: “Polvo eres y en polvo te convertirás”, mientras les dejaba en la frente una mancha de tizne. Tres monjas lo asistían y el coro de niñas del catecismo interrumpía esos instantes, cuando un viento de sueño comenzó a colarse en cada espacio. Pequeños círculos de arena se remolineaban en los pies de la gente. Era un escalofrío premonitorio. El padre Ramberto, celebrando por enésima vez el sacramento de imprimir ceniza, levantó su diestra, pero ese soplo rebelde lo dejó sin polvo en los dedos. La Nina Ramos no le dio importancia. El cura volvió a introducirlos en la urna y antes de tocar la frente de la señora, se quedó, una vez más, sin nada. El tercer intento le dejó apenas una mancha de tizne, pero el simún enrarecido y tenaz borró todo indicio de polvo. La Nina se tambaleó, como si alguien la hubiera empujado y escuchó una voz que en secreto la llamó por su nombre. Miró a su alrededor, se cogió fuerte de Dolores y con sólo una mirada tuvo a Pomposa a su lado. La doncella supo que sería un día largo.

Las campanas estaban mudas. Prócoro, arrastrando su pierna izquierda por una fractura que tuvo al nacer y que soldó al revés, apresurado se abrió paso entre la gente para llegar hasta el altar. El padre Ramberto le urgió a que subiera al campanario a revisarlo y le dijo a la Nina Ramos que algo no andaba bien. Escucharon al viento desgarrarse como entre dientes de metal y estirarse a lo largo de la iglesia hasta sentirse la tensión de sus amarres. La gente, despavorida, echó a correr, mientras el padre Ramberto gritaba arrebatos entre los ahogos de la incertidumbre. Dejó a la Nina Ramos de pie en el altar y trató de abrirse paso entre la turba. Antes de llegar a la puerta escuchó un grito largo, un golpe seco y otros sonidos extraños lo invadieron. Cayó de bruces entre la gente. Se arrastró a la puerta y lo que vio no le gustó nada. Al incorporarse distinguió a Prócoro en el suelo, muerto, como si la campana lo hubiera arrojado al vacío. El padre Ramberto levantó la mirada intentando descubrir algo y vio las sogas del campanario que oscilaban sobre la pared como serpientes que suben o bajan. En ese preciso momento, la Nina Ramos supo que ya era demasiado tarde, que habían caído en una trampa.

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El orden infinito | Fragmento del capítulo 2

martes 21 de febrero de 2012

Diario medular | Fotografía en movimiento

Estamos en guerra, no se da cuenta. Le grita el enfermero al herido mientras jala la carretilla donde lo lleva acostado. El hombre sigue preguntando por su madre al ver las calles derruidas y humeantes. No vaya tan aprisa, tengo miedo de que la aguja se salga, le contesta y mira la bolsa de suero que sostiene en alto como una última bandera.

viernes 17 de febrero de 2012

Diario medular | Venta de garage

Nadir y yo pusimos una venta de garaje en mitad de la sala. Ella se va a Inglaterra y necesitaba deshacerse de algunos recuerdos, de grandes momentos, pasar la página a otros instantes que le representarán mayores retos. Antes de poner la venta, de etiquetas, acomodar, fotografiar cada artículo y contar su historia a las personas que nos visitaron, Nadir, harta de polvo y vivencias me dijo que llamaría a un ropavejero y vendería todo a cajón cerrado por unos cuantos pesos. Ni se te ocurra, le dije, en esta ciudad todo se vende.

Posteó las fotos en su muro de Facebook como si fuera álbum familiar y de cierta manera, esos objetos eran primos hermanos de nuestras alegrías y desventuras. La taza de café que me levantó el ánimo, los cojines que reposaron mi columna, las plantas que absorbieron el humo del cigarro y otras malas energías. Los CD de música que nos hicieron bailar, cerrar los ojos y soñar. Las cobijas que abrazaban como nadie en la madrugada. El silencio de los cuadros, el té de las 5 de la tarde, el espejo siempre tan ajeno. Los adornos que han marcado nuestra personalidad, algunos tan pequeños como el recuerdo del primer amor.

A cada objeto lo llenamos de historia, lo hacemos nuestros al asirlo con la mano, ¿o somos parte de él cuando nos sostiene? Son un refugio cotidiano, sobreviven para seguir compartiéndose. Las personas miraban con morbo, y yo me sentía desnudo, vigilado, sobre todo cuando preguntaban por mi colchón. Ese no se vende, contestaba, tiene nombres escritos con sangre.

jueves 16 de febrero de 2012

Vértebra 56


MORIR A DIARIO es la inevitable rutina

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viernes 10 de febrero de 2012

Diario medular | Librerías Gandhi

Estaba con el vendedor de Gandhi Madero preguntando las existencias de Cállate niña cuando timbró el teléfono que tenía al lado. Después de unos monosílabos el chico me dijo, le hablan y me pasó el teléfono. A mí, le dije sorprendió, quién. Mi jefa, lo escuché decir y blandió el aparato en mi cara. Era Edna que, desde la ventana de su oficina me hacía señas para que subiera. Ella y el gerente, Víctor Hugo García me propusieron una firma de libros. Me mostraron donde sería la presentación, la mesa y el micrófono. Ese no es mi estilo, les dije, prefiero andar entre la gente, presentarme y ofrecerles mi libro. Conversar un poco, así puedo conocer a mis lectores.

Cuando sale un nuevo libro mío me gusta acompañarlo, llevarlo de la mano como si de un hijo se tratara. Me gusta recomendarlo, ver dónde quedará. Darle un último adiós bautizándolo con el nombre de quien poco a poco lo irá descubriendo. Así lo hice en la Feria del Libro de Guadalajara y así lo haré en los próximos días en las librerías Gandhi de la Ciudad de México. Lo que empezó como una propuesta en una sola librería se convirtió en el ofrecimiento de Christian Huesca para hacer la misma dinámica en las demás sucursales.

Hoy comienzo en Gandhi Coapa. Estaré desde las 5 de la tarde y hasta por lo menos las 8 de la noche o agotar existencias, como le dije a Edna aquel día. Ah entonces voy a pedir 50 libros más, me dijo, así te quedas toda la semana con nosotros. El sábado voy a Gandhi Madero y el domingo en Bellas Artes, en esta última desde las 2 de la tarde. Ojalá que me puedan acompañar.

jueves 9 de febrero de 2012

Diario medular | Sol de invierno

Le digo que entre. De nuevo lo invito a pasar, pero él se queda atrás de la ventana, apoyado en la cornisa, sube y baja por la pared. Apenas se asoma un poco y moja las cortinas. Las hojas de las plantas parece que reviven al sentirlo, tiemblan. En esta época es tímido aún al mediodía. Es soñador, se deja llevar por el viento. Abro de par en par las ventanas, lo miro a lo lejos y le digo anda, llega. Él se cobija con las nubes y al fin dice no. No entro, en tu casa hace mucho frío.

Vértebra 55


TAN ENFERMOS ESTAMOS que deberíamos vivir en el espacio, donde no hay gravedad.

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martes 7 de febrero de 2012

Diario medular | Ron Mueck

Fui a San Ildefonso a que me miraran. Las esculturas de Ron Mueck casi respiran en la quietud de su movimiento. De miradas curiosas, tristes o al límite del hartazgo son ellas las que atisban a los visitantes. Un hombre desnudo y pequeño en la proa de una gran balsa, tan pequeño ante la inmensidad del océano mundo. Una mujer gigante acostada en su cama a punto del desalojo o la pareja que eternamente duerme el tedio de su amor unidos solo por el sexo.

No hay pudor ni intimidad, las esculturas de Mueck están desnudas desde la mirada hasta los pies. Me llamó la atención que tienen ojos café intenso, que su entorno es el lago, el bosque, la playa. Los pantalones cortos de verano han dejado su marca de sombra en los muslos de la pareja dormida, del hombre que flota sobre un inflable en la piscina. En el hiperrealismo de su trabajo uno entiende que la herida que presume el joven negro en su costado es la misma que mató a Jesús de Nazaret. Aunque tampoco quiera hacer comparaciones es inevitable no fijarse en los dos recién nacidos que compiten en tamaño, el niño es tan pequeño que cabe en la palma de la mano y la niña es tan grande como el ulular de una ambulancia.

Ron Mueck estuvo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso hasta hace unos días. Es la segunda vez que visita México, la primera fue al Museo Marco de Monterrey en el verano pasado, y a pesar de que la muestra del DF ha sido menor, en las dos él estuvo presente dando la bienvenida con su propio rostro: una máscara gigante y dramática que aun con los ojos cerrados nos mira desde la placidez de su sueño.

jueves 2 de febrero de 2012

Vértebra 54


AUNQUE MATES AL PERRO el recuerdo de la rabia queda en la piel.

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miércoles 1 de febrero de 2012

Háblame niña | Catalina Rosas


Querido Rodolfo:

Cállate niña me ha dejado verdaderamente impresionada, la forma en que describes las emociones desde la perspectiva femenina es sorprendente. Me ha gustado mucho la trama que planteas en el libro. Me capturó en poco tiempo.

Diría que me siento algo identificada con la historia. Pero es que las mujeres en algún momento de nuestras vidas nos encontramos con un Antonio.

Desgraciadamente este libro llego muy tarde a mis manos como para prevenirme. Comencé a leerlo a mediados de este mes porque quería tiempo para saborearlo.

Fue algo extraño cuando me decidí a comprarlo, desde el momento en el que entré a esa sección de la FIL, el libro me atrajo. Cuando lo tomé y comencé a leer la sinopsis, me puse a pensar: ''Oh Dios, una novela más que tal vez termine atiborrada de valores y con la presencia entre líneas de, no tengas sexo prematrimonial'', como me pasó con Juventud en éxtasis. Fue una idea que se esfumó en cuanto levante la mirada y te vi a mi lado y te escuché hablarme sobre la novela.

Esa tarde tenía poca plata y pensé que debería buscar alguna otra cosa, pero todavía sentía la corazonada de que Cállate niña tenía que irse conmigo. Después de dos vueltas por el lugar me decidí a comprarlo y me volví a encontrar contigo, pusiste una dedicatoria que no me atreví a ver hasta llegar a mi hogar.

Tal vez no me recuerdes, pero te mencioné que estudio en la preparatoria No. 10 de la U de G, la cual me dijiste que has visitado en algunas ocasiones. Hiciste mención de que aparentaba ser buena lectora. Y lo fui. Terminé el libro en ocho días (lo cual es un récord para mí, puesto que soy de ese tipo de artistas que no tienen tiempo hasta las vacaciones). Desgraciadamente los únicos momentos en los que tenía chance de leer eran el recorrido del camión cuando voy a mis clases de música. La historia me carcomía por dentro, me dolía mucho leer porque me sentía tan miserable como la protagonista o hasta un poco más y en una de esas sin importarme, cuando leía la pagina 94 solté el llanto en pleno camión. Toda la gente me miraba pero no importó.

También te comenté que escribo y para mí sería más que un gusto que en cuanto tenga un buen documento me pudieras dar una opinión, aunque tal vez al terminar de leer digas: ''Oh, ¿qué cojones es esto?''

Lamento haberte hecho leer tan largo mensaje pero los días que leí Cállate niña, fueron una experiencia que me encantó vivir. Me apena decir esto pero con las escenas de cama que me hicieron pasar un momento agradable, me gustaron mucho porque describes los hechos de una manera exquisita que en cierto punto te transporta a esa experiencia.

Una de mis preguntas sería ¿cómo hiciste para ver las situaciones de una perspectiva diferente a la de un hombre? Finalmente puedo decir que me ha encantado el libro, en un cierto punto me ayudó a olvidar un poco mi pasado y ver para delante. Gracias por eso.

Nombre: Catalina Rosas Edad: 17 años. Ciudad: Guadalajara. Compré Cállate niña en: FIL Guadalajara. Mi comentario: Cómo le hice, observando, hablando con muchas mujeres pero sobre todo, dejándome llevar por la intuición, como hacen ustedes, las mujeres.

jueves 26 de enero de 2012

Diario medular | Garantía de calidad


Miré al doctor a los ojos. Eran bonitos, casi verdes. Le miré las manos, tenía las uñas recortadas. Volví a verle la mirada y me dijo, pase al baño voy a tomar una muestra de orina. Por favor cuando salga no se abroche el pantalón y se recuesta aquí. Pasó su mano sobre un camastro que se notaba podía adquirir varias posiciones. Cuando salí, con mis orines en la mano, su asistente ya estaba lista con el lubricante.

No duele, escuché al doctor mientras se metía los guantes que chiclearon en sus muñecas. Puede ser un poco incómodo pero será tan rápido que ni cuenta se dará. Recuéstese de lado, me indicó. Por la ventana el sol entraba a raudales, trayendo una vista limpia y cercana del Ajusco. Cuando estaba en la contemplación del firmamento azul plumbago –en realidad no sé qué tono sea ese– una parvada de aves en formación penetró la única nube que hacía sombra sobre el cerro y sentí que algo volvía a su lugar. De nuevo escuché la voz aterciopelada del doctor decirme que habíamos terminado y su asistente me pasó un trozo de papel del baño.

El doctor y yo volvimos a su escritorio. Lo miré garabatear algo en mi expediente, seguramente anotaba mis respuestas de un rato atrás, sobre mi vida sexual y la turgencia de mis erecciones. Volvió a mirarme a los ojos, que descubrí verde intenso. Rodolfo, me dijo, no hay infección en las vías urinarias y tu próstata está como de veinte. Nos vemos en seis meses. Solo al salir me di cuenta que me había tuteado. Suspiré. Después de todo, ya éramos más que amigos.

miércoles 25 de enero de 2012

Diario medular | Oro de sangre


En respuesta a Mariano J. Aznar Gómez, miembro del Consejo Científico del Plan Nacional de Protección de Patrimonio Cultural Subacuático de España, que en su artículo Patrimonio cultural bajo el mar (El País, 14-01-2012) parafrasea a Ignacio Arroyo Martínez, presidente de la Asociación Española de Derecho Marítimo: "¿A quién pertenecen los restos naufragados, a los antiguos dueños o a los rescatadores? ¿Quién resuelve la controversia? ¿Existe una solución universalmente aceptada?". En el caso específico del buque La Mercedes hundido por la flota británica en 1804 en las costas de Algarve, Portugal, después de que zarpara de Lima, Perú, cargado con más de doscientos cincuenta mil pesos en monedas de oro y plata pertenecientes a préstamos patrióticos o donativos de guerra de la Colonia a Su Majestad el Rey Carlos IV y casi setecientos mil pesos también en oro y plata que pertenecían a mercaderes españoles, cargamento valuado ahora en casi 500 millones de euros y encontrado por los cazatesoros estadounidenses Odyssey Marin Exploration en mayo de 2007, del que sustrajeron casi 600 mil monedas de oro y plata que reclaman suyas.

Tanto Ignacio Arroyo Martínez, también catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona quien defiende “el principio de inmunidad soberana sobre todo buque de Estado hundido, indistintamente del lugar donde se halle e indistintamente del tiempo transcurrido desde su hundimiento”, en su artículo Tesoros españoles bajo el mar (El País, 29/11/2011), así como Mariano J. Aznar también catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad Jaume I de Castellón que afirma que esos pecios hundidos “continúan siendo propiedad pública del Reino de España”, no se preguntan, en el caso de La Mercedes, cuyo juicio se ha dictado a favor de España por La Corte de Apelaciones de EEUU, realmente de quién es el oro que transportaba, del Perú, de España o de los veinticinco descendientes de los mercaderes que también reclaman su parte, esto, suponiendo que a los esclavos africanos o indígenas que extrajeron esos minerales se les haya cubierto también su paga y prestaciones que en aquel tiempo se otorgaban. No se preguntan siquiera que pudiera ser oro de conquista, oro de sangre.

martes 24 de enero de 2012

Háblame niña | Gemma Flores


Querido Rodolfo:

Te escribo en nombre de mi mamá a quien le pareció fuerte Cállate niña, aunque ella lee mucho, la noche que empezó a leer la novela no pudo dormir, se le hizo muy grotesca, pero se quedó intrigada y siguió leyendo solo de día, así fue como la terminó. Le despertó sensaciones muy fuertes, la confundió mucho pero no pudo dejar de leer. Para su edad me dio mucho gusto que no lo soltara. Lo que más le gustó fue tu redacción y me dijo que le gustaría leer tus poemas, que se ve que eres muy buen poeta. Le presté también tus libros de poemas y le encantaron.

Nombre: Gemma Flores. Edad: 68 años. Ciudad: Guadalajara. Compré Cállate niña en: FIL Guadalajara. Mi comentario: Gracias Patricia por escribirme el cometario de tu mamá. Me alegra mucho que ella pudo encontrar el tiempo adecuado para la novela. Leer también es vivir con los personajes su día a día y eso le pasó a tu mamá, pero al final me da gusto que haya podido disfrutarla.

lunes 23 de enero de 2012

Háblame niña | Graciela Barrera



Querido Rodolfo:

Esta carta no es para ti, va dirigida a Ella, la nueva Carmen que me hiciste descubri al leerte.

¡Ay Carmen! Sufrí con tu historia. El pecho me dolió por cada una de tus lágrimas y por tu muerte interna. Nadie te amó cómo tú lo deseabas. Nadie pudo comprender la esencia de tu alma. Ni tu madre, ni tu Antonio, ni ninguno. Sólo tu abuela te amó tal como eras. Sin reproches, sin juicios, sin esperas. Quizá tú tampoco te amaste. Creíste que el amor era entregar tu cuerpo sin límites, creíste que tu cuerpo te daría el consuelo, creíste que tu cuerpo era más fuerte que tu corazón. La ceguera de tu pasión te impidió mirar que tú vales mucho. Decidiste no saltar al abismo. Tus ojos se han abierto y estás a tiempo de saber que tú, Carmen, eres vida. Tu verdadero padre, Rodolfo Naró, el que te creó, te ha escuchado con atención. Sé que él te espera con su nombre y, junto con él, muchos de los que llegamos a llorar a tu lado sin que tú lo supieras, podremos entregarte nuestra amistad y comprensión. Tu memoria emprenderá el vuelo y el tiempo se encargará de colgarla en un árbol frondoso. Tú nacerás de nuevo. Muchos te reconocerán y danzarán con tus sueños. Y nadie, nunca más, te dirá: Cállate niña.

Nombre: Graciela Barrera Edad: 100 años. Ciudad: Tierra del café. Compré Cállate niña en: Sanborns, Xalapa. Mi comentario: Te leo y sigo pensando que Ella existe, que esta carta llegará un día a sus ojos. Gracias.

jueves 19 de enero de 2012

Háblame niña | Dulce Velázquez


Querido Rodolfo:

El libro es muy bueno, tal vez no de una forma entera pero uno se acaba identificando con alguna situación de ella. ¿Quién no se ha topado con una persona como el güero, que te morba por su forma tan violenta de querer?, muchas palabras que ella le dice a Antonio son los sentimientos que alguna vez sentí. La verdad me gusto mucho el libro porque he vivido situaciones parecidas, claro no tan explicitas como en la novela pero logré identificarme en ciertas partes. Por cierto me dio risa que te tomaras en cuenta en el libro. ¿Tú querrías estar con alguien como ella o solo fue para estar en la trama?

Nombre: Dulce Velázquez Edad: 17 años. Ciudad: Colima, Colima. Compré Cállate niña en: Librería Educal. Mi comentario: Gracias por leerme y por tu comentario. Hay capítulos en el libro que son reales, situaciones que sí sucedieron, como la "escena" con Monsiváis y Roberto Cobo, eso yo lo viví con ellos.

Vértebra 53


HAY HOMBRES QUE HASESINAN mujeres y nadie dice nada. Son letra muda en el abecedario del mundo.

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miércoles 18 de enero de 2012

Háblame niña | Manuel Maravilla


Querido Rodolfo:

Amigo, me pareció excelente tu novela, sin alardear. Es cruda, ruda, verosímil, es el Yo de la Mujer sin tapujos, sin reticencias, libre, fuerte, emotiva; creo que ella siempre estuvo en la búsqueda, en reconocerse única, verdadera. Me agradó los tiempos en los que manejaste a tus personajes, los capítulos van y vienen del presente al pasado; conocer más de ellos poco a poco era (es) ansiedad por saber qué sucederá en el siguiente episodio.

Tu novela es un descubrir a la mujer, comprender qué siente, invade, piensa, desea, sueña. Me enriqueció y no me ha soltado.

Un fragmento de la página 164.: “También estaba con ellos Rodolfo Naró, un poeta que toda la noche trato de ligarme” ¿La conociste? También en la página 176 mencionas tu libro Árbol de la vida, ¿todos tus poemas fueron inspirados por ella, fue tu musa; si Árbol de la vida es tuyo, por qué dices que es de Juan Luis? ¿Quién se suicido? Explícame, por favor.

Nombre: Manuel Maravilla Edad: 33 años. Ciudad: Guadalajara. Compré Cállate niña en: FIL Guadalajara. Mi comentario: Dos buenas preguntas que tienes una fácil respuesta. A veces uno como escritor también se siente personaje de sus propias novelas, y en Cállate niña, la tentación de incluirme fue muy grande, por eso mi nombre y mis poemas entre líneas.

martes 17 de enero de 2012

Diario medular | Carlota, emperatriz

El de ayer fue un día especial. Se cumplieron 85 años de la muerte de Carlota de Habsburgo, Emperatriz de México de 1863 a 1867. Quizá la etapa más romántica de nuestra historia. Carlota era hija de Leopoldo I de Bélgica y esposa de Maximiliano de Habsburgo a quienes unos mexicanos monárquicos le ofrecieron gobernar el país con la ayuda del Ejército francés de Napoleón III, desconociendo la presidencia de Benito Juárez.

Cuando al fin Juárez derrocó a Maximiliano, el emperador se negó a huir de México para evitar la pena capital. Carlota volvió a Europa y nada pudo hacer para ayudar a su amado Rey. Lo que pudo haber sido un simple brote psicótico, se convirtió en una locura permanente. Recluida en una torre del Castillo de Bouchot por su hermano Leopoldo II, rey belga, el mismo que mató más de 10 millones de africanos en el Congo, era de esperar que tampoco tuviera piedad para con su hermana.

Carlota tenía 26 años de edad en ese momento y vivió 60 más en el anonimato. Sobrevivió a la caída del Imperio Austrohúngaro, gobernado por la familia de su esposo, a la caída del Imperio Ruso, a la Primera Guerra Mundial. A los más de 30 años de porfiriato y a la revolución mexicana. Llegó la invención de la electricidad, del cine, del automóvil. El mundo cambió para siempre, mientras ella seguía esperando volver a su casa, el Castillo de Chapultepec, a mirarse de nuevo en los ojos azules de Maximiliano. Tenía 96 años y estaba realmente loca.

lunes 16 de enero de 2012

El orden infinito


Sólo hubo una noticia que la conmovió en extremo, que la hizo vestir otra vez el luto riguroso hasta el último día de su vida y que por nueve meses también llevaron todos los habitantes de Analco. Le dijo al doctor Leonardo Ralla –nunca había visto a la señora tan acongojada– que también una parte de ella había muerto. Ése había sido el único periódico que le llegó a tiempo. Don Augusto Pimentel, sabiendo lo delicado de la noticia, prefirió que la señora la leyera de inmediato y no que se enterara por un telegrama. Así que comisionó una persona de su confianza y le dio instrucciones precisas. “Le entregas este sobre personalmente a la Nina Ramos”. Ése fue el último periódico que recibió. Tan devastadora fue la noticia que ya no quiso saber nada de lo que sucedía más allá de la barranca. Era un domingo de enero cuando supo que una semana antes, en el Castillo de Bouchout había muerto, luego de sesenta años de locura, la emperatriz Carlota.

La Nina Ramos recordó la última vez que la vio, en el Castillo de Chapultepec, cuando la emperatriz le regaló su collar de perlas. Días antes de partir a Francia, el que consideró un viaje rápido y ligero, Carlota citó a la Nina en el salón de té del castillo. La señora la vio bajar por la escalera privada que iba directo a sus aposentos. Llevaba su cabello oscuro recogido en dos trenzas enrolladas a cada lado de su cabeza; su rostro no desmentía las ojeras de mal sueño que había padecido las últimas noches. El salón era pequeño. La Nina Ramos hizo una reverencia que la llevó casi hasta el suelo. La emperatriz apenas la miró, sus ojos estaban perdidos en la gran calzada que Maximiliano había hecho construir para ellos, que más tarde sería el eje de la ciudad, el que uniría y separaría las clases sociales. Sin perder más tiempo, dejó sus recuerdos del Paseo del Emperador y fue a sentarse en un sillón de dos plazas. Le señaló a la Nina el lugar vacío a su lado. Era la única persona en quien podía confiar. Las dos mujeres estuvieron ausentes de sí mismas y se entregaron una a la otra con la devoción de madre e hija que aplazan viajes por temerle a las despedidas. La emperatriz se llevó las manos a la nuca y desabrochó un collar de perlas diáfanas que le había obsequiado la reina Victoria, antes de emprender la aventura del nuevo imperio, y lo puso en sus manos. El recuerdo de aquella tarde hizo que la Nina tocara el collar y, como si fueran cuentas de rosario, volvió a vivir aquellos años como dama de la corte, las recepciones del palacio al lado de Su Majestad, cuando se quedaba como Regente, mientras el emperador hacía viajes a caballo por el país para conocer a su pueblo. Cómo olvidar cuando el emperador llegaba a los pueblos y la gente desenganchaba los caballos para jalar el carruaje; el júbilo desbordado cuando lo miraban de cerca, enorme y rubio, vestido de charro.

“Si por lo menos hubiera podido llegar a Analco”, se repetía la Nina Ramos. “Si el Emperador me hubiera hecho caso y hubiera buscado refugio en Analco, nada le hubiera sucedido”. Pero Maximiliano estaba cansado de huir, había perdido la confianza en todos los que lo rodeaban y se negó a dejar su patria. “Yo escogí este país para vivir y fuera de aquí soy extranjero”, le decía a Blasio, su secretario. El centro del país era un hervidero; los que antes habían sido imperialistas ahora lo negaban. La Nina Ramos estuvo pendiente de la farsa del juicio que lo condenó a muerte, por lo que organizó un grupo de doscientas mujeres para pedirle el indulto al presidente Benito Juárez. Faltaban dos días para la ejecución, pero la audiencia nunca llegó. Hasta el escritor Víctor Hugo, desde Francia, mandó una carta pidiendo indulgencias y también la ignoraron. Desesperada, buscó al general Miguel López, que comandaba el último bastión leal de sus majestades: el Regimiento de la Emperatriz, y le urgió hacer lo impresindible para evitar la sentencia. Pero fue demasiado tarde. Miles de soldados republicanos custodiaban la prisión del emperador, las plazas públicas, las calles de la ciudad y el Cerro de las Campanas. Meses después la Nina hacía cumplir otra sentencia: el general Miguel López ajusticiaba al coronel Platón Sánchez, presidente del tribunal y cuyo voto había resuelto el empate de los seis miembros del jurado y decidido la suerte del emperador. Maximiliano quiso morir de pie, vestido con traje de charro. “No es que yo hubiera estado presente”, le dijo la Nina Ramos al doctor Leonardo Ralla, en uno de sus desayunos. “Pero es que todos conocimos los detalles y en cierto modo, también todos lo abandonamos en el último momento”. En los mercados de la capital, por años, se vendieron mechones rubios de su barba, pedazos de tela quemada como retazos de sus últimas ropas. En las plazas de las provincias se decía que no era cierto que lo habían matado y que estaba preso en San Juan de Ulúa. Que había indias con hijos de ojos azules, las mismas que todavía se persignaban al ver una imagen del emperador.

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El orden infinito | Fragmento | capítulo 11 | páginas, 186-189

domingo 15 de enero de 2012

Las dos Habanas


Cuando llegué a la Habana, en diciembre del 2001, lo primero que nos dijeron los agentes de migración era que estábamos aterrizando en el país más seguro del mundo. Por cada habitante hay un policía que vigila, que cuida el orden. Aquí nadie les va a robar nada, nos aseguró. Por lo menos no el robo al que estamos acostumbrados, pensé días más tarde.

Enero siempre me recuerda la Revolución Cubana que, por alguna extraña razón relaciono con la caída del Muro de Berlín. Las desigualdades y represiones que padeció Alemania por tantos años hicieron que la división no sólo fuera física sino psicológica. En cuanto cayó el muro hubo un éxodo masivo hacia occidente, medio millón de personas en cuatro meses. El Berlín oriental, de por sí devastado y gris por los años de opresión, rápidamente quedó vacío, varado en el tiempo, según comentaban los visitantes del oeste que curiosos cruzaban a caminar las calles de una ciudad sin luz, sin edificaciones acristaladas, sin grandes anuncios que contaminaran visualmente. Una ciudad con gastada infraestructura. Era como volver a ver, ahora de cerca, los autos de la Gestapo que sólo se conocían en películas.

Esos días que pasé en La Habana poco antes de Navidad, fecha que para la mayoría de los cubanos ya es intrascendente. Su Navidad es el año nuevo, el primero de enero celebran a toda fiesta el nacimiento de la Revolución, de una nueva creencia. La creación de un nuevo país. Caminando por sus calles, a cada paso leía consignas en viejos carteles: “No nos quitarán la esperanza”. “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plena, es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Fidel”. “Por un comercio mejor, eficiente y para siempre socialista”. “Dignos de la libertad que defendimos”. “Contra el terrorismo y la guerra, venceremos”. “Si la tarea no se hace con amor, no hay buenos resultados. Raúl Castro”.

Sin embargo el cubano no es libre de viajar ni por su propio país. Tiene que sacar un permiso, que la burocracia hace infinitamente tardado, para moverse de una ciudad a otra de la misma isla. En la Habana, el cubano tampoco puede andar por donde le plazca. Si está, sin motivo aparente, unos minutos frente a una dependencia de gobierno, se le cuestiona. A un turista no. Es fuente de divisas. Un privilegiado. El cubano hace filas para todo y desde el Malecón mira el mar, es lo único que puede hacer o intentar huir. En el éxodo Mariel, llevado a cabo entre abril y octubre de 1980, cruzaron la frontera del mar más de 125 mil cubanos. Arribaron a las playas de Florida y convirtieron a Miami en una segunda Habana. ¿Qué será necesario para su reunificación? Si han vivido confrontados. Si el tiempo parece, como en Berlín Oriental, que también se ha suspendido en la isla, donde todavía circulan autos de la Guerra Fría, camiones soviéticos y algún flamante Mercedes con placas diplomáticas. El control sigue siendo un exceso y la seguridad que tanto presumen los agentes de migración se convierte en hostigamiento. Los años han creado, de un lado al otro del mar, grandes fortunas y dignas miserias. Se han distanciado llamándose fidelistas y gusanos. Aunque, a pesar de las nacionalidades, los de Miami como los de la isla siguen siendo cubanos que habitan la misma Habana.


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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Cállate niña es su nueva novela y Ediciones B su nueva casa Editorial | www.rodolfonaro.com

jueves 12 de enero de 2012

Vértebra 52


¿DÓNDE VIVEN LOS MUERTOS, en el panteón, en la memoria o en el periódico?

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miércoles 11 de enero de 2012

Háblame niña | María Luján Zandanel


Querido Rodolfo:

Terminé de leer Cállate niña. Lo leí en tres etapas, primero hasta la pagina 30, porque iba en auto y empecé a sentirme mareada, otro día, hasta la 63 y tuve que interrumpir y un tercer día (noche), hasta el final, que fue a las 7.00 am del siguiente, imposible detenerme. Que puedo decir: Muy bueno Rodolfo. Cómo hiciste para soportar el dolor de los personajes durante tanto tiempo. Siempre en carne viva y sin embargo, la esperanza asoma en cada capítulo con una tenacidad envidiable. De esta novela, contrariamente al resto de tus lectores elijo a Antonio y a Conrado. Pienso y corrígeme si me equivoco: en tus personajes femeninos se puede ver el gran escritor sos, tu capacidad de observar, escuchar y captar el alma de las mujeres es única y también la magia y la devoción con que nos inventas. En cambio los personajes masculinos, demuestran el gran hombre que sos, todos ellos tienen mucho de vos, obviamente Antonio, porque sabe que la injusticia no es propia ni ajena y a pesar del miedo porque conoce el dolor, no se detiene en la tarea de retratar con su arte la desolación y la belleza. También tienen algo de vos, Conrado, Pablo, Juan Luis, y yendo más atrás,a El orden infinito, Leonardo Ralla, Ataulfo y Salvador. Aun en los capítulos más descarnados y crudos hay tanta ternura. Te extrañé en cada página, ahora padezco la tristeza de cuando se termina un gran libro, por donde sigo ??? Necesito ideas, además, para mi desconsuelo, faltan casi dos semanas para la próxima chueca, y yo de vacaciones y sin un avión que tomar... Besos.

Nombre: María Luján Zandanel Edad: 33 años. Ciudad: San Nicolás, Argentina. Compré Cállate niña en: Porrua de Polanco, mi hermano me lo trajo de regalo para las fiestas a Argentina. Mi comentario: María querida, gracias por tus palabras. Este libro te siguió hasta tu tierra y como bien dices, todos los personajes de Cállate niña como de El orden infinito tienen mucho de mí, por eso es que pueden mirar a la cara al lector. La chueca de este domingo la postearé por ti, para seguir haciéndonos compañía.

domingo 8 de enero de 2012

Martes de Taller


El próximo martes reanudamos el Taller. Tengo la fortuna de contar con tres amigos que cada martes nos reunimos, siempre en mi casa, a leer nuestros textos. Hablamos un poco de todo, cine, política, amores, celulares, tecnología, historia, novedades editoriales, pero sobre todo de literatura. Cenamos y si hay vino, descorchamos una botella. Algunas veces yo he cocinado y la mayoría de las otras compramos ya algo listo para degustar. Nos reunimos desde el 2003. Somos un grupo escindido de los talleres de Guillermo Samperio. Con ellos trabajé El orden infinito y cada uno aporta lo suyo al grupo. Empezamos la sesión a las 9 de la noche y cuando terminamos temprano es la una de la mañana del siguiente día.

A Juan Pablo Vasconcelos y a Fernando Galindo los conocí en 1998 en el taller de los jueves con Samperio. Juan Pablo es poeta, por lo que la profundidad de su opinión va más allá del papel. Lee entre líneas los cables sueltos de las narraciones. Fernando o Galo, como le decimos, empezó escribiendo mini ficción y ha seguido con una novela que cada martes está a punto de terminar. Es la historia de unos muchachos enamorados que confunden las pizzas con explotar bombas en los túneles del metro. Por su desempeño como profesor de literatura nos hace el cuadro teórico desde el Siglo de Oro hasta el Boom Latinoamericano. Gonzalo Salazar, músico de profesión, con su afinado oído censura las rimas internas y cuenta sílabas como si se tratara de notas musicales. Además de hacer grabado, instalación, video documental, escribir cuento y poesía, Gonzalo trabaja la novela de un niño que mira el mundo desde la tina del baño, como si aun estuviera en el vientre materno.

Por mi casa han pasado muchos escritores: Monteserrat Hawayek, Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, 2007, por Tee, Natalia Padilla, editora de Amphibia. César Flores Mancilla, quien siempre llegaba con botella de vino, J. o. Abblitt a quien le acaban de publicar su primera novela, Las resurrecciones, ganadora del Premio Nacional de Novela Justo Sierra, 2009. También han estado como oyentes, Nadir Chacín, Audomaro Ernesto, Ana Posadas, Claudia Bernáldez-Bazán, Guillermo Vega Zaragoza e Ixchel Barrera. No hay método para llegar a este grupo, solo escribir y esperar a que se desocupe un lugar, porque así como en la Academia, cada miembro tiene su silla asignada en la mesa de mi comedor.

La reunión de los martes es una gota de oxígeno en el mar de letras y smog que asfixia a la Ciudad de México. El grupo de cuatro nos hemos sobrepuesto a grande retos, como el día en que Juan Pablo nos advirtió que nos tenía una gran noticia. Yo estaba seguro de que se trataba del embarazo de Erika, su esposa, pero no fue así. Rozagante, luego de casi dos años de matrimonio, nos dijo que se regresaban a vivir a su natal Oaxaca. Aunque lo felicité, en el fondo no me gustó la noticia. Los siguientes martes casi se desintegra el grupo, Gonzalo se fue de gira a tocar por Europa, Galo entró en periodo de exámenes finales, Natalia cambió su residencia a Barcelona. Meses después volví a reunirlos y opinaron que Juan Pablo se conectara vía Skype. Lo que al principio cumplíamos al pie de la letra, que cada quien llevara las cuartillas de su trabajo en copia para los demás, ahora lo hacemos por correo electrónico, todos llegan con computadora y torta en mano. Mientras cenamos nos leemos en pantalla, siendo Juan Pablo el que siempre está en posición remota, antojándonos su tlayuda frente a la cámara.



Foto: Nadir Chacín (2012). De izquierda a derecha, Fernando Galindo, Gonzalo Salazar, J.o. Abblitt. Rodolfo Naró (sentado)
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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Cállate niña es su nueva novela y Ediciones B su nueva casa Editorial | www.rodolfonaro.com

jueves 5 de enero de 2012

Vértebra 51


MIENTRAS el Hombre camina hacia el futuro, Dios sigue en el pasado.

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miércoles 4 de enero de 2012

Háblame niña | Berernice Serrano


Querido Rodolfo:

Ya termine de leer Cállate niña. Me fascinó. Me gustó mucho el lenguaje empleado, las cosas como son sin disfraces. Veo que en tu blog escribiste que esperabas que fuese leída por público mayor a 25 años, yo y la chica de 17 rompimos los esquemas. Es cierto, es una novela muy fuerte, con mucho erotismo y esto último la hace muy interesante. Me identifico un poco, solo un poco con la protagonista y sus amantes, primero las aventuras pero después una profunda soledad. Me di cuenta de todo lo que puede afectar a una persona la falta de la figura paterna y el abandono de la madre.

El amor, otro tema que me encantó. Hace tiempo pensé que yo no conocía el amor, pero cuando leí esta novela, comencé a dudarlo.

Cállate niña es una de esas novelas que se pueden leer mil veces más y no aburren. FELICITACIONES, EXCELENTE LIBRO.


Nombre: Berernice Serrano Edad: 12 años. Ciudad: Guadalajara. Compré Cállate niña en: Gonvill Plaza Revolución. Mi comentario: Traté que el lenguaje fuera lo más real posible, siendo la novela un largo monólogo, quería que ella se hablara a sí misma como cada uno nos hablamos a nosotros mismos, de ahí el lenguaje crudo y llano. Definitivamente superaste la media, tu comentario me hace ver que la madurez no está ligada a la edad. Gracias de nuevo.

lunes 26 de diciembre de 2011

Háblame niña | José Alberto Pérez Franco


Querido Rodolfo:

He leído "Cállate niña" en soledad, acompañado de mi esposa y también con amigos. A cada quien le provocó algo diferente. Esta historia se huele, se escucha, se mira, se sabe y se siente.

En ocasiones, quise ser el Papá de esa "niña" y en ocasiones deseaba ser su amante.

Nombre: José Alberto Pérez Franco Edad: 45 años. Ciudad: Guadalajara. Compré Cállate niña en: FIL Guadalajara. Mi comentario: Te agradezco doblemente por ser, la tuya, la primera opinión masculina.

jueves 22 de diciembre de 2011

Vértebra 50


DIOS DE LOS PEQUEÑOS MILAGROS, le llamo. Porque resucitar un muerto lo hace un médico calificado o multiplicar panes y peces, lo logra cualquier mago de feria. Milagro sería que de un día para otro ni África ni Latinoamérica siguieran padeciendo hambre o que en un abrir y cerrar de ojos sanaran los enfermos de cáncer. Que jamás volvamos a padecer la guerra, eso sí sería un milagro.

www.rodolfonaro.com

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