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viernes, 5 de junio de 2009

El Aguascalientes






En el mundo literario ahora vivimos la época de los premios. El tiempo de los editores, como Carlos Barral, fue en los años cincuenta del siglo pasado. A finales de los sesenta los agentes literarios marcaron la pauta, no tener uno representaba para el escritor quedarse sólo en sus laureles. Despuntaron figuras como la catalana Carmen Balcells, quien por esos años visitó México con una agenda apretada de citas, entre ellas con Rulfo y Arreola, este último no supo exactamente qué era eso del agente literario y la dejó pasar. Pero desde hace por lo menos dos décadas la mercadotecnia nos ha alcanzado y las reglas del juego las rigen los premios literarios, más de tres mil al año en España y cientos más en México y Latinoamérica. Los hay chiquitos y grandes, de cuento, novela, ensayo, dramaturgia, poesía y más. Escritor que no tiene su premio pasa desapercibido. He estado en reuniones donde, al presentarme a alguien antes de su nombre me dicen, es premio tal, como si fuera un título de licenciatura o maestría.

Desde hace unas semanas se ha desatado un feroz debate entre poetas y amigos escritores, por si hubo intertextualidad o plagio en el reciente Premio de Poesía Aguascalientes otorgado a Javier Sicilia con Tríptico del desierto, cuando ha sido una tradición natural del ser humano una cosa y la otra. Desde que nacemos crecemos imitando a nuestros padres, tratamos de parecernos a ellos. En el caso de la literatura Rubén Darío cuando comenzó a escribir, imitaba de cierta manera a Gustavo Adolfo Bécquer, y Pablo Neruda en sus primeros versos quería seguir los pasos de Rubén Darío. Lo mismo le pasó a Jaime Sabines al tomar como ejemplo a Neruda. El trabajo de todo creador, el reto de todo artista no es redescubrir el hilo negro, sino reinterpretarlo a través de su experiencia de vida. Romeo y Julieta, la gran historia moderna de amor vio la luz en el siglo XVI, y desde entonces, poetas y narradores sólo hemos reinventado personajes y situaciones con lenguaje e imágenes actuales y propios.

Esta misma intertextualidad o representación la hemos visto en la pintura. ¿Cuántas versiones hay de Las Meninas de Velázquez? Picasso también hizo la suya, chuecas por cubistas, pero Meninas al fin. En arquitectura hay tantas similitudes entre las obras de Ricardo Legorreta con las de Luis Barragán en formas, espacios y colores que podrían confundirse. En cine es uno de los recursos más usados. Se repiten escenas de películas clásicas, como guiños o pequeños homenajes. Conozco a más de un director que siguen buscando los cielos de Gabriel Figueroa.

Nadie está ajeno a la intertextualidad y a la crítica. En mi novela El orden infinito, retomo a un personaje de Rulfo en Pedro Páramo: Abundo Martínez, el arriero que guía a Juan Preciado hasta Comala. Un personaje secundario y desdibujado que termina adquiriendo la fuerza necesaria para dar muerte a Don Pedro, su padre. También en mi novela, Abundio es un personaje secundario pero determinante para el desenlace. Como Caronte y Cancerbero, de la Divina Comedia de Dante Alighieri haciéndose presentes para guiar al capitán cristero Salvador Fonseca al infierno de la Hacienda Abajo.

En mis primeros libros de poesía hay sonetos semejantes a los de Amado Nervo, influencias de Elías Nandino, lo que le valió a mi poemario Del rojo al púrpura la ácida crítica de Luis Armenta Malpica en el diario Tabasco hoy (6/10/2002), “Y es que Rodolfo Naró atrajo para sí lo peor de Nandino: sus Alburemas”. Después vendría Sabines y en mis libros recientes de Pedro Salinas o Borges. Pues como declarara Francisco Hernández, jurado del certamen de este año: “Hay una frase de no sé quién que dice: la poesía debe estar hecha para todos. Eso fue lo que advertimos en el texto de Sicilia, estamos perfectamente conscientes de lo que estábamos haciendo y sabíamos de dónde venían las líneas y fragmentos que estaba usando”. Como el Premio de Poesía Aguascalientes se ha hecho polémico por ser parteaguas, la consagración para quien lo gana y más desde el año pasado que el jurado lo declaró desierto, manifestando que ninguno de los 207 manuscritos cumplía con el nivel de excelencia indispensable para el prestigio del Premio, asimismo Tríptico del desierto, el nuevo libro de Javier Sicilia, fiel a su estilo de dialogar con sus maestros, seguirá despertando conciencias en cada lector.

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Rodolfo Naró, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es El orden infinito, finalista del Premio Planeta de Novela 2006. wwww.rodolfonaro.com
Imagen en contexto original: La Jornada Semanal, poster de celebración de los 40 años del Premio de Poesía Aguascalientes.

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