miércoles, 22 de octubre de 2008

Hay olores que el gusto no olvida




No sólo los cachorros reconocen a su madre por el olor. El olfato es, de los cinco sentidos, el más primitivo. Recuerdo que cuando era niño mi madre usaba un aceite de Rochas que se untaba por todo el cuerpo después de bañarse. Era una fragancia a flores y maderas dulces que me hacía ubicarla a muchos metros de distancia. Cuando íbamos a Guadalajara a una tienda departamental con nombre de loción llamada La Colonial yo siempre me perdía, al cabo de una hora me reencontraba con ella siguiendo el rastro de su perfume entre los estantes de cosméticos o de ropa para dama. En más de una ocasión ese aceite de Rochas, que venía en un fino frasco de cristal con un tapón que hacía las veces de aplicador, me salvó de no quedarme olvidado en esa tienda o en las Fábricas de Francia. En algún lado leí que los niños cuando toman conciencia de sí mismos, más o menos a los 7 años, se hacen como los gatos y no quieren bañarse, porque un tanto sienten que se pierden, que dejan de ser. Confieso que fui uno de esos niños y pasaba hasta una semana evitando el jabón. Haciendo cualquier truco para seguir conteniéndome. Si ahora pasan dos días y no me baño es porque la tristeza me gana y necesito reconocerme, saber por mi olor que aún estoy vivo.

Yo nunca he sido muy afecto a los perfumes y sólo he usado una marca en toda mi vida, siguiendo el consejo de Salvador, mi primo, quien me dijo, a mis 12 años de edad, que el hombre debe ser de un solo aroma. Me advirtió que fuera muy prudente en escoger el mío. Me pasé los siguientes quince años tratando de decidirme hasta encontrar Santos de Cartier y no he podido suplirlo sin sentir que dejo de ser yo. Hace unos días que estuve en casa de Miguel Ángel Ortíz me fijé que tiene más de veinte frascos de distintas marcas, al preguntarle cuál era su preferido me contestó que todos, escoge según el humor con que se levanta. Quizá por eso siempre que nos vemos para comer le descubro una personalidad distinta.

Prefiero los olores fuertes, vivos, intensos como los colores primarios. Me he vuelto más selectivo y especial para los aromas, nada de suavisantes para la ropa, uso cremas y jabones neutros, odio los desodorantes y las lociones para después de afeitar. Tampoco bailo mucho, es más ya no bailo nada, menos desde mi columna rígida, ni tango ni salsa ni danzón, me ha representado un problema con las mujeres porque hombre que no baila, pretendiente que no prospera. Sé que no hay nada más seductor que el baile en el que uno transpira su verdadero aroma para atraer a la pareja. En los antiguos rituales de cortejo, la danza fue y sigue siendo en nuestras sociedades principio o fin de una relación. Así que no sólo el amor entra por la boca sino también por la nariz, que es cuando decimos: si hay química o no.

Definitivamente uno es lo que come o lo que fuma. Hace unos años estuve con una mujer española, descubrí que no sólo su piel era de un verde aceitunado, también había algo de olivas en su olor, porque su dieta era a base de aceite de oliva. ¿Si los musulmanes huelen a una exótica combinación de especias y en Argentina es común descubrir un sabor a yerba mate al final del primer beso, a qué oleremos los mexicanos si nuestra dieta es de chile, frijoles y tortillas? Pero la más extraña de mis experiencias ha sido la vez que estuve con dos hermanas, no en el mismo momento sino con un año de diferencia. Fue como estar con la misma persona, si cerraba los ojos no podía distinguir el olor de una y el recuerdo del olor de la otra. Tenían el mismo sabor en el aliento, el mismo color y roce de piel, casi el mismo tono de voz. Mi memoria táctil seguía los mismos contornos del humor que genéticamente compartían.

Con Teresa supe reconocer mi mejor momento, a media tarde me buscaba en el olor de su entrepierna, de su axila o su aliento. Cuando me decía por teléfono, deja de leer poesía y ven a leerme a mí, hace dos días que no me baño, dejaba todo y corría a su lado a mirarme en sus ojos. El humor profundo que me esperaba me hacía sentirla más humana, como si en cada giro del mapa de su cuerpo hubiera un olor distinto que me invitara a quedarme, a seguir hundiendo más el sentimiento en el húmedo acero de su vientre, donde a veces encontraba un sabor a café amargo que me despertaba no sólo el deseo sino que me avivaba una sed y hambre de extravío.

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Rodolfo Naró, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es El orden infinito, finalista del Premio Planeta de Novela 2006. wwww.rodolfonaro.com
Fotografía en contexto original

14 comentarios:

LMM dijo...

Coincido totalmente. El aroma, olor, hedor, humor y esencia vienen a ser una imagen sensorial, donde se anclan recuerdos y emociones. No se pierden ni se olvidan, se quedan y se unen a la esencia dando su parte y haciendo tonalidades a nuestro propio aroma, como fijador al perfume personal.

Saludos,

Rodolfo Naró dijo...

Querido Luis,
gracias por tu comentario, por seguir leyéndome cada semana,
abrazos,
Rodolfo Naró

LMM dijo...

Querido Rodolfo,

Te platico que he tenido siempre la costumbre y gusto por la lectura, te agradezco y disfruto tus publicaciones, creo que despues de eso me dan ganas de hasta de escribir y no me siento educado o con bases, recomiendame algun metodo que sea practico para expresar ideas, en general me considero villamelon en la literatura pero admiro y me comunica mucho tu trabajo.

Espero luego vernos, un abrazo

Luis

Lucero Díaz T. dijo...

Muchos aromas retornan en mi mente y hacen regresar el pasado que en su momento fue único e inolvidable.
Las maravillas que el olfato posee son cuestiones mágicas, cómo un aroma nos remonta a ciertas situaciones, qué hariamos sin los perfumes, sin el olor a café, a pan recien horneado o simplemente a tierra mojada o ya sé a bombón quedado...
Me da gusto pasar por acá a dejar un saludito y deseando que todo marche de lo mejor.
Saludos Chiapanecos:P
Visitaré asiduamente
Besos

Sheila dijo...

cada uno de nosotros tiene un olor identificativo,nadie huele de la misma manera, es como las huellas dactilares, lo que ocurre que lo camuflamos con olores artificiales y de esta manera nos convertimos en comunes.Casi todas las colonias baratas huelen de la misma manera y esas son precisamente las que más se suelen comprar, con lo cual,se distingue el que puede del que no. Preferiblemente, no usar ni buenas ni malas y mantener el olor -no el mal olor- que nuestros genes nos han brindado a cada uno.

Nadir Chacín dijo...

Según cuenta la leyenda cuando Napoleón iba a regresar de sus batallas instruía a Josefina para que no se bañara en un mes...
Yo voto por mantenerme joven conservándome en mi propio jugo.
Besos,
Nadir

Rodolfo Naró dijo...

Hola Lucero,
qué ganas de volver por Chiapas, ojalá pronto pueda ir y hacer esa lectura de poesía que tanto hemos planeado.

Besos,
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Hola Sheila,
creo que no hay nada que despierte tanto los instintos como los olores, como en el amor los quesos franceses, sino hulen no me saben.
gracias por tus comentarios,
Besos,
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Querida Nadir,
por eso te quiero tanto, por tus instintos napoleónicos,
Besos,
Rodolfo

PICOBUFI dijo...

Los profundos olores que emite tu aromática escritura -que ya están siendo inolvidables para mi-, me han traído excitadas las glándulas pituitarias, ilusionada la mente y confiados y esperanzados los cerrados ojos, para darme cumplido empacho -cual podenco engullidor de pasteles de fresas recién cocinados- con las fuertes olores de tu sofrito escrito que no tiene límites de sensaciones y al que una vez comenzada su lectura, no he podido dejar miga de letra sin oler y saborear.

Tu escritura huele a ternura de romero y sabe a dulce latido de corazón degustado por el oloroso cariño que pones al escribir. Tu escritura me sume en olorosas flores de perfumado jazmín…
Y otra cosa, otra cosa será el paupérrimo olor que yo te pueda transmitir a ti.

Enviote intensos y olorosos abrazos… inolvidables y sin quererte confundir.

Rodolfo Naró dijo...

Picobufi,
como siempre tus palbras me sirven un tanto de inspiración para la siguiente columna. Qué gusto que te pueda seguir sorprendiendo.
Desde la ciudad de México mi abrazo,
Naró

Natalia dijo...

Querido Rodolfo he leído esta columna, y mi hizo retraer a tiempos, en donde los olores que quedaron en mi mente, me dejaron recuerdos amargos, y si los huelo es el sentimiento herido que me hace huir de el.
Es verdad la tristeza hace que mantengas tu olor natural, la falta de deseo.
Debo confesarte, que para mi no hay nada mas agradable que un hombre perfumado delicadamente, recuerdo a los hombres importantes de mi vida por su olores entre otras, que atracción profunda provoca en mi un hombre elegante y perfumado.
Pero los olores también me recuerdan cosas de mi niñez, y es delicioso.
Yo soy igual no me gusta usar un solo aroma, me gusta cambiar de acuerdo a mi ánimo.
Te felicito por tu columna.
Como te dije una vez tu arma de seducción es lo que escribes, como tal vez una voz en el teléfono.
Un beso.

momo dijo...

Si hay quimica o no.
No recuerdo en que sitio dí con este tu blog, pero hay cosas como los olores( yo los uso como aramaterapia sé cuando necesito perfumarme porque me hace falta... nunca lo hago ,por costumbre, sé porque me lo pide la piel.Asi como otras veces esa misma piel , rechaza cualquier perfume que no sea mi propio olor)que sabes que va a encajar en esta que eres que atraviesas hoy.
me gusta mucho tu modo de contar , de escribir y de oler?
Un saludo , te seguiré leyendo.

Rodolfo Naró dijo...

Momo:
Gracias por leerme y recomendar mi blog. Soy de la opinión de que de vez en cuando hay que dajar a la piel respirar y reconocerse uno a través del propio olor.
Sigamos en contacto, saludos,
Naró

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