domingo, 20 de diciembre de 2009

A la moda





Hasta los perros se ponen de moda. Ciertas razas como los doberman hicieron hito en los setenta. Con películas como El ataque de los doberman se incrementó la compra de perros de guardia o de compañía como el caso de películas como Lassie, Rin tin tin, o los 101 dalmatas. En los últimos años en los parques he visto rottweiler o bóxer que para aumentarle su fiereza, criminalmente le cortan las orejas y la cola, convirtiéndolo en perro de diseño. O aquel chihuahua que se hizo famoso acurrucado en el regazo de París Hilton y que después los estilistas adoptaron de mascota. Todo se pone o se quita del subconsciente colectivo con una campaña de promoción.

Recuerdo que Salvador, mi abuelo, veía a las nuevas modelos y actrices en traje de baño en la televisión y decía que eran horrorosamente flacas, que en su tiempo las preferían rellenitas, no gordas, aclaraba, pero sí con formas redondas y sensuales. Así eran las chicas que yo veía en mi adolescencia en las revistas para caballeros El o Play boy, rollizas y con una mata de vello en el pubis que sugería. Las de ahora tienen piernas del grosor de un antebrazo y se depilan. Pero no sólo el cuerpo de las mujeres se ha transformado a los nuevos cánones, también los hombres que presumen musculatura, como El Santo o Arnold Schwarzenegger en sus primeras poses de Mr. Universo, el abdomen de lavadero no estaba de moda, es notorio como al posar sumían la panza como si les hubieran sacado cucharadas y cucharadas de mantequilla.

Los peinados y cortes de cabello, ahora lacio, ahora ondulado o al estilo Farrah Fawcett. Corbata angosta, luego ancha, para volver a la angosta. Zapatos de plataforma, pantalones acampanados, en los últimos años de popotillo, como se usaron en los cincuenta. Todo involuciona. Cuando tenía doce años y comencé a usar lentes, los de armazón de pasta eran de abuelito, la onda eran los de metal. Años después los de lente suspendido y armazón ligero, que nunca me gustaron. En la última década han vuelto los de pasta en vivos colores. Que se note que uso lentes.

Rayas o cuadros, botones o zippers cada temporada están en ardua competencia. Los diseñadores nos hacen cambiar guardarropa cada seis meses o por lo menos una vez al año. Sin embargo, ellos nunca cambian. En las últimas fotografías que he visto de Valentino por sus 75 años de vida, usa el mismo peinado y el mismo corte de traje desde hace 40 años. Las gafas de Yves Sant Laurent que seguramente le destruyeron el puente de la nariz, eran tan características como la mejor de sus puntadas. Los sicodélicos guantes, gafas oscuras y la cola de caballo de Karl Lagerfeld ha variado solamente en las canas. Diseñadores que todo lo que tocan lo transforman, excepto ellos mismos. Armani siempre usa una camiseta negra ajustada para su más exquisito desfile o Tom Ford viste al estilo Luis Miguel o viceversa.

Lo mismo sucede con la tecnología que corre más rápido que la moda. Steve Jobs, el inventor de Mac y la revolución iPod en cualquier aparición pública, para presentar la innovación del iPhone o los colores de las portátiles, me atrevería a afirmara que desde hace años usa los mismos jean y la misma camiseta negra deslavada de manga larga. En algún lugar leí que Albert Einstein compraba metros y metros de la misma tela para mandar a hacer sus trajes, todos iguales, así no perdía tiempo en decidir qué ponerse cada mañana. Aquellos que se vuelven tiranos del cambio, que son capaces de dedicar su vida al diseño de nuevas prendas, máquinas, delinear cuerpos o crear razas son intocables y su evolución siempre está más allá de lo físico. De cualquier manera si quieres mirar tendencias y estar a la moda, diciembre es el mejor mes para comprar sin culpa.

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Rodolfo Naró, poeta y narrador mexicano, su libro reciente es El orden infinito, finalista del Premio Planeta de Novela 2006. wwww.rodolfonaro.com


2 comentarios:

Sheila dijo...

Desde hace casi 30 años, me dedico a lo mismo, soy secretaria. En estas 3 décadas,he podido sobrevivir debido a que he ido evolucionando progresivamente, aprendiendo a utilizar las herramientas necesarias para mi trabajo.Recuerdo cuando empecé a los 17 con la Olivetti gris (manual) aquella que debías poner toda la fuerza de tus dedos
y clavar las yemas bien fuerte para imprimir cada una de las letras que iban formando palabras, renglones..que poco a poco tomaban forma y que si te confundías más de 2 veces,la carta/documento no sería admitida y había que volver a repetir de nuevo.Poco después
llegó la Olivetti eléctrica,ya no había que clavar los dedos hasta el fondo pero aún seguíamos repitiendo una y otra vez los textos y, por fin llegó la Olivetti con margarita, esta ya traía corrector y me creía la Reina de Java.Teníamos el horrible Telex que parecía la máquina del tiempo, cada tecla que aporreabas hacía perforar una tira de papel(como las de las cajas registradoras de los supermercados) y hacían un ruido que creo de ahí sacaron la música break,este era el método directo de comunicarse entre empresas/entidades en los años 70/80,después llegó el fax y afortunadamente el telex desapareció.
Hoy día, el fax está obsoleto y cuando suena que entra/se recibe uno,ni se hace caso... todo
tema importante se trata a través del correo electrónico que, con este, sí se trabaja con rapidez
y comparte respuesta con las empresas/otras sedes a tiempo real – prácticamente- Se gestionan
contratos, se modifican en grupo a través de las teleconferencias y compartiendo documentos en línea . Lo que antes se conseguía en 1 mes,ahora sucede en unas horas, todo va a un ritmo que da la sensación que se aproxima el momento en el cual, no exista una transacción para ser gestionada… pero no,no es así,cuanto menos se tarda en finalizar,antes se crea otra anexa a esta y así sucesivamente. Como hecho de menos mi Olivetti gris, manual.

Todo evoluciona,la tecnología,la urbanística,y supuestamente el hombre,pues somos los que manipulamos el medio ambiente y el ambiente,de manera que nos envuelven y nos dejamos envolver por lo que unos cuantos sugieren, para ellos poder liderarnos,sea con las modas,la política,las religiones y un sin fin. Se entiende que para seguir en la onda laboral,tengamos que
actualizarnos pero,aquel que se esclaviza siguiendo la moda, no deja de ser irresponsable de sí
mismo, pues se deja llevar , arrastrar por lo que unos le dicen que haga, pero que ellos no hacen.
Haz lo que te diga, pero no lo que yo haga..
Tengo los mismos muebles de hace más de 25 años y me siguen encantando. Si analizo mi
guardarropa, encuentro prendas de hace 20 años las cuales están ya muy gastadas, pero a la vez encuentro otras prácticamente idénticas que he comprado recientemente, tengo 3 pares
de botas iguales (que he comprado para seguir usando por años pues me van con mi estilo y no
siempre se encuentran). Dentro de lo que nos ofrecen , siempre puede haber algo con lo que nos
identifiquemos, pero que nos vayamos identificando con todo lo que nos ofrecen periódicamente
es muy preocupante pues demuestra la falta de seguridad a la que estamos sometidos.
Odio seguir las tendencias, una cosa es ir a la moda y otra tener estilo… o personalidad. Que tranquilidad no tener que ir a buscar que se lleva esta temporada

Rodolfo Naró dijo...

Hola Sheila,
tanto tiempo sin leernos. Me parece interesante tu reflexión sobre los aparatos de la oficina o en mi caso de la escuela, recuerdo que yo también aprendí a escribir en una maquina mecánica y cuando salieron las eléctricas con una pequeña pantalla donde se iba leyendo lo escrito y se podía borrar con una tecla, también me sentía Superman.

Y de lo otro, la moda, he de confesarte que, a veces, si he caido en el exceso de comprar lo que dicta la tendencia y que a mi juicio me va, sobre todo en los zapatos.

Saludos,
Naró

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