domingo, 21 de agosto de 2011

"Nos hablamos"


Los mexicanos vivimos al azar. La impuntualidad en México podría ser un problema nacional. Una costumbre tan arraigada como el día de la madre. Frases como, “ahorita voy”, “llegó en cinco minutos”, “espérame tantito", "no tardo”, “ya voy saliendo”, “confirmamos mañana” y la mejor de todas, “nos hablamos”, son parte de nuestra identidad.

Vivimos en la negación. Quizá en el fondo no queríamos llegar. Quizá nacemos con el gen del retraso o mamamos esa costumbre en la familia. Porque si uno reclama las horas de espera, el otro se molesta, se hace el ofendido, se defiende diciendo: Apenas voy llegando, es un caos el tráfico, o no dejes de hacer cosas por mí, si tienes que hacer algo hazlo, yo te aviso cuando me desocupe. Como si no entendiera que había una cita con hora y lugar acordado. ¿Será que no prevemos inconvenientes básicos como, cuánto tiempo tardo en salir de casa? ¿Cuánto demorará mi traslado? ¿Habrá tráfico o manifestación por donde pasaré? ¿Lloverá? Tampoco nadie puede adivinar el infarto de una abuelita.

Lo curioso de la impuntualidad es que no tiene escala de valores. Se llega tarde a una cita informal, al cierre de un negocio o a una cena con amigos. Si tu próximo cumpleaños quieres que estén diez celebrando contigo, tienes que invitar a veinte, de los cuales confirman 16. Si todo sale bien, llegarán ocho, pero a cinco de ellos no los conocerás, porque llegarán con 3 de los confirmados. Tampoco la impuntualidad tiene preferencia de sexo o de clase social, todos la practicamos: carpinteros, secretarias, médicos o abogados. Publicistas y profesores. Excepto Domino’s pizza y los taxis que se piden por teléfono. En México, ser puntual cuesta un poco más.

Toda cita causa expectativa. Hace algunos años viví uno de mis mayores plantones. En mi primera lectura de poesía en Saltillo, Coahuila, iba a reencontrarme con Elisa, una chica de Monterrey con quien compartí habitación en el hospital donde nos operaron de la columna. Un mes nos dimos ánimo y lloramos juntos cuando el dolor arreciaba. Compartimos la comida y los humores. Luego de la alta médica seguimos la amistad por carta, hasta que 18 años después volveríamos a vernos de nuevo. Antes de comenzar le dediqué la lectura, la busqué entre el público y temí no haberla reconocido. Pero no, no estaba en el auditorio. Una hora más tarde, todavía desde el escenario, la vi llegar.

Y aunque parece que en México todo se confabula para ser impuntual, como un engranaje roto que sigue funcionado, nunca supe cómo hacía Elodie, una chica francesa que estudiaba antropología en la ENAH. Era tan puntual como un silbato. Podía citarme con ella para comer con tres semanas de anticipación y no llamarla aquella misma mañana para confirmar, con total seguridad sabía que a las 2 de la tarde me estaría esperando. Pero Paula Biglieri no corrió con la misma suerte cuando llegó a vivir a México, y en su primera semana, una de sus compañeras de postgrado le dijo: ¿Comemos este sábado? Sí, respondió Paula. Bien, paso por ti a las 3. Nos hablamos. Aunque su reloj estaba adelantado quince minutos, nunca llegó. El lunes, al reclamarle a la chica, ella contestó: Ah, la comida, por eso te dije ‘nos hablamos’. Esa frase tan ambigua y tan nuestra. Es el colmo, me dijo Paula y me preguntó, ¿En México, quién se hace responsable de esa llamada que deja todo al azar?



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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Su novela El orden infinito, fue finalista del Premio Planeta 2006. www.rodolfonaro.com

8 comentarios:

Angélica Meza dijo...

A veces la gente rehuye los temas y por eso la mejor salida será la ambiguedad, nos hablamos es la mejor de ellas. El punto es ¿por qué te molesta tanto? A veces comparte uno el dolor o hasta la cama y no necesariamente te devuelven nada, Duele por que esperabamos reciprocidad, la misma alegría, las mismas ganas; pero creo que al final de cuentas, esa persona se la pierde.
Tu vive con alegría,
besos

Andrasta Badb dijo...

He tratado de ser tolerante con esta fea costumbre que la mayoría de las personas que conozco tienen. En este tiempo donde en algunos lugares de provincia la avenidas se encuentran atestadas de tráfico, debe ser imperioso respetar el tiempo de las demás personas; por regla procuro darme un margen de llegar 15 o 10 minutos antes de la hora acordada en una cita, y más si ésta es en un restaurante o café, para poder elegir el mejor lugar, desde la mesa hasta la silla que voy a ocupar, quizás sea porque soy una persona dominante y controladora, y en ocasiones no me molesta esperar 5 y hasta 15 minutos. Conozco personas que usan excusas tan infantiles e inverosímiles, que me dejan pensando si son tan torpes y piensan que se los vas a creer. Es triste en verdad que a todos los mexicanos se nos tenga en tan mal concepto. Me hace sentir muy furiosa que entres a un establecimiento o un restaurante y los empleados apenas si levantan la vista para preguntarte que deseas, o te dan tan pésimo servicio que me da coraje que me cobren la propina de quien "me atendio" cuando no se la merecen siquiera. He llegado a la conclusión que a esas personas no les interesa nada más que el "salarito" que pueden obtener, no tienen más aspiraciones, y precisamente ese desinterés de parte de ellos, quienes hicieron un sacrificio o esfuerzo por poner ese establecimiento, lo puedan llevar a la quiebra por la mala fama del servicio, eso si es una gran pena

Dany Book dijo...

Me encantó...

Yo he sido víctima de "plantones", impuntualidades y reclamos...

El más reciente, con un chico, con el que salí hace 7 años aprox, acordamos hora, lugar, y momentos antes del encuentro, le mando un sms, y le escribo "a la 1 en el 7ven" despues de casi 10 min, lo responde diciendome que si mejor a las 2pm debido a que le salió un pendiente, Le marqué y le dije: así dejalo, nos vemos luego (con sarcasmo) la incomprensible fuí yo por no comprender su trabajo.

Espera, me equivoque al decirlo reciente, el más reciente es hace un momento mientras escribía este comentario, una alumna, llego 5 días despues del exámen con el trabajo en mano, trabajo que les encargué dos semanas antes del exámen... al decirle que ya no se podia hacer nada, solto en llanto y así mismo con mil excusas... a pesar de sus "tragedias" no deja de ser impuntual... Por cierto, aquí mis compañeros, me dijeron que soy muy muy mala!

BEsos
Dany

Rodolfo Naró dijo...

Hola Angélica,
me molesta por la ambigüedad, la falta de credibilidad y de compromiso, algo que los mexicanos tratamos de evitar.

Y hago todo lo posible para vivir con alegría, pero se puede hacer poco cuando acciones de otras personas te afectan en pequeña o en gran medida.

Saludos,
Naró

Rodolfo Naró dijo...

Hola Andrasta,

gracias por tu largo comentario y por lo puntos que tocas, como el de la propina, del cual estoy un tanto de acuerdo contigo, pero esa es una Chueca que tengo pendiente escribir, el porqué estoy en contra de la propina.

Lo de llegar tarde a todos lados, creo que es un trabajo individual, cada uno tiene qu eir enmendando el paso, aunque parezca que todo se contrapone para que no sea así. Yo he ido mejorando mis tiempos, poco a poco.

Saludos,
Naró.

Rodolfo Naró dijo...

Hola Dany,
lo que me cuentas del chico más que plantón fue una propuesta de posponer la hora del encuentro, quizá también se le murió la abuelita de alguien cercano, uno nunca sabe, aunque estuvo bien que lo hubieras mandado a volar, sino estaba de humor, o ya tenías el día ajustado, fue lo mejor.

Eso de revivir amores del pasado, casi nunca funciona.

Besos,
Naró.

mzandanel dijo...

Al leer tu columna no puedo evitar pensar que haber llegado los a tiempo al Coffee Bean fue poco menos que un milagro. Y de aquella conversacion recuerdo una fecha: 31 de enero, espero que puedas organizarlo. Nos hablamos...
Maria.

Rodolfo Naró dijo...

Hola María,
aquel encuentro apresurado y profundo que tuvimos en Coffe Bean era una cita impostergable. Todo va caminando como es debido al 30 de enero.

Saludos,
Naró

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