domingo, 10 de junio de 2012

El celo de Runa



El amor es lo más cercano al dolor. Ambos son sentimientos y sensaciones individuales, intransferibles. No se pueden describir porque no hay nada tangible que se le parezca. Hace unos días Runa entró en su primer celo, está a punto de cumplir un año y la pubertad le llegó con un choque de hormonas. Yo me he negado a operarla desde pequeña. Lo he conversado con médicos veterinarios, amigos defensores de los derechos de los animales, con propios y extraños. He escuchado cualquier clase de disparates. Cuánto sufren cuando el macho las monta, por eso su maullido doloroso. Mis razones son simples, de nuevo el ser humano invadiendo la naturaleza, decidiendo,  porque así les evitamos molestias que, en el fondo, resultan ser inconvenientes para el dueño de la mascota. 

Ahora no sé, los llantos de Runa a media noche en mitad de la sala me parten el alma. Más todavía cuando se repiten al mediodía y a la hora del té o a punto de dormir. Runa llora no por lo rincones, sino a gritos por toda la casa. Sufre su primer amor no correspondido. Yo la mimo, la abrazo fuerte contra mi pecho, le hablo, ella ronronea con más fuerza, tiembla entre mis brazos y al final se calma un poco. Luego la suelto y me mira con sus ojos tristes, me reclama con bramidos agudos y desesperados. Se sabe sola, en el último piso de una torre de siete niveles a donde no llegará su príncipe a rescatarla. Por primera vez se siente sin consuelo, sin otro de su especie con quien compartir, sufre y le duele. Vuelve a llorar.

El dolor se lleva a cuestas solo. Nadie puede sentir lo que yo padezco cuando me duele la espalda, cuando la columna me reclama una mala postura, cuando el corazón se me desborda al punto de la taquicardia. Así como no hay pastilla que contenga muchas horas el dolor, tampoco hay un antídoto para el enamorado, para someter los excesos del deseo. El amante busca que el otro lo entienda, se ponga en su lugar y le de lo que pide, lo que necesita sin darse cuenta que carece de lo mismo, de que siempre seremos seres incompletos, terriblemente inconformes y solos. Porque cada ser humano enamorado es una especie única y eso nos orilla a la soledad, a ir viviendo el día a día con las únicas herramientas que hemos ido adquiriendo al paso de nuestra vida.

Runa está sola conmigo, en un séptimo piso. Es la princesa de la torre y yo soy su carcelero. El único que puede decidir si la castración es lo que necesita para que deje de sufrir y de sentir el deseo de amar. Yo solo la acuno en mis brazos y le repito que así es el amor, que aunque nos amen, esa persona decidirá por nosotros sin importarle que nos lastime el corazón.


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Rodolfo Naró, Tequila, Jalisco, 1967. Poeta y narrador. Cállate niña es su nueva novela y Ediciones B su nueva casa Editorial |  www.rodolfonaro.com

4 comentarios:

Mariana Streiia dijo...

Me declaro culpable al decir que no soy una amante de los gatos, debo confesar que les tengo una fobia increíble y que con el paso del tiempo he ido trabajándola...

Pero muchas personas a las que soy cercana y quiero mucho aman a los gatos, cosa que no entiendo, pero que respeto y me gusta ver la emoción que transmiten cuando me hablan de su gato o de alguno bonito que vieron...

Al terminar de leer tu artículo sobre Runa (nombre que me parece genial, por cierto) me recordaste a todos estos amigos que viven el día a día junto con sus gatos, y no solo a ellos, sino también a los que compartimos ese sentimiento con otras mascotas... Se vuelven parte de la familia, de nuestros seres queridos y al saberlos heridos o tristes, nos contagiamos de su humor...

Son seres tan geniales, inteligentes incluso, que nos enseñan más de la vida de lo que podemos imaginar, como lo que es el amor y la fidelidad.

Espero que Runa superviva (porque esa es la palabra) con éxito a su iniciación de la pubertad :D

Un abrazo y un saludo a los dos.

Anónimo dijo...

que bella forma de expresar el amor!!

Rodolfo Naró dijo...

Hola Mariana,

Los gatos con como todos los animales y seres humanos, mancitos si los tratas con amor y sacan las garras si se siente amenazados o agredidos, lo que sí te puedo asegurar es que son super chantajistas y cariosos.

Besos,
Rodolfo

Mysterious Ways dijo...

Tampoco soy fan de los gatos, pero tampoco me gusta que sufran. El dolor de Runa pasará pronto, como pasa todo en la vida.

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